EL MUNDO

Miércoles, 5 de diciembre de 2001


PRIMER PLANO / UNA GUERRA NO DECLARADA
«Imagínate morir por ir a tomar un café»


ETGAR KERET
Dice mi madre que nunca podré imaginar qué quiere decir un pueblo sin nación. Y ciertamente, sabe de lo que está hablando. Ella sobrevivió al Holocausto; vio cómo era destruida su casa en Polonia; perdió a su madre, a su padre y a un hermanito, y, al final, llegó aquí, a la tierra de Israel, su tierra, la tierra que juró no abandonar jamás.

Ghassan dice que jamás podré imaginar qué significa ser un pueblo ocupado. No, él no tuvo que enfrentarse al Holocausto y, gracias a Dios, su familia está viva, al menos por el momento. Pero hace ya mucho tiempo que no aguanta más a los soldados israelíes en los controles fronterizos. «A veces, paso el check-point en un momento. Otras veces, cuando están aburridos, te hacen perder las ganas de vivir. Te obligan a esperar durante horas bajo un sol de justicia sin razón alguna. Te humillan. Hace sólo dos semanas, me requisaron dos cajetillas de Kent, así, sin motivo. Un muchachito de 18 años con un fusil en la mano y el pasamontañas en la cara se acercó y se las llevó».

Adina, la mujer del piso de abajo, dice que jamás podré imaginar lo que significa perder a una persona querida en un atentado suicida. «No hay muerte más inútil que ésa. Mueres por dos motivos. Porque eres israelí y porque, a medianoche, te entraron ganas de salir a tomar un café. ¿Existe razón alguna más estúpida para morir? Y ni siquiera hay alguien contra el que puedas descargar tu ira. El que mató a mi hermano murió destrozado».

Mi madre dice que no tenemos ningún otro lugar en el mundo y que, vayamos a donde vayamos, seremos siempre extranjeros, odiados y hebreos. Ghassan dice que mi nación, Israel, es una entidad ajena y extraña y que no hay nada igual en el mundo. Se encuentra en Oriente Próximo, pero hace como si estuviese en el corazón de Europa. Participa todos los años en el festival de la canción europea, se preocupa por enviar un equipo de fútbol a la copa de la UEFA y se niega a reconocer que se encuentra en medio del desierto, rodeada por una mentalidad oriental, de la que reniega obstinadamente.

Adina dice que tenemos los días contados. Ve a los niños palestinos chillar de alegría y repartirse caramelos después de cada atentado y piensa en el clima de odio en el que están creciendo. Y por eso me dice que no le dé la lata con discursos sobre la paz.

Pero mi madre, Ghassan y Adina, tienen algo en común. Los tres están seguros, absolutamente seguros, de que yo no soy capaz de imaginar lo que pasa por sus cabezas.

Etgar Keret es escritor israelí, nacido en 1967 en Tel Aviv.


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