El Desmantelador de la Realidad - Entrevista a Etgar Keret - Primera parte

Literatura israelí

Por: Ariel   Bercovich

Ya desde su primer libro, Etgar Keret, de 34 años de edad, hasta entonces desconocido, se consagró como el enfant terrible de la literatura israelí. Se trata de un desinhibido exponente de una nueva literatura, la que reivindica lo subjetivo, la vivencia individual, y ya no la literatura colectiva de las primeras y épicas décadas del estado. Traducido a numerosos idiomas, Keret es considerado un exponente de la literatura posmoderna universal.

Etgar Keret nació en Ramat Gan en 1967. Desde muy chico se destacó en las ciencias exactas. Cuando terminó la escuela secundaria fue aceptado a la Atudá de ingeniería del ejército, un programa especial que le permitiría cursar estudios universitarios, y luego servir en el ejército en un puesto relacionado con su profesión. Sin embargo a último momento decidió incorporarse al ejército como soldado raso, para no perder el contacto con sus amigos, y con la gente de su edad. En un principio ingresó a una de las divisiones del Najal (ver Diccionario al final de la nota), pero debido a problemas de salud (sufre de asma) tuvo que abandonarla. Allí comenzó un largo recorrido por distintos puestos en los que no lograba integrarse, y además tuvo muchos problemas de disciplina. Al fin llegó a una división de computación. Su función era sentarse solo en una habitación hermética, y corroborar datos en una computadora. El nombre del puesto: Quasimodo. Los turnos eran largos, y para pasar el tiempo empezó a hablarse a sí mismo. Cuando se aburrió, empezó a anotar los pensamientos en la computadora. La primera vez que se animó a mostrar sus escritos a sus amigos, éstos le dijeron que eran muy malos y que mejor se dedicara a otra cosa. Entonces siguió escribiendo para sí mismo. Cuando se liberó del ejército fue aceptado en el programa de "Desarollo de la excelencia" de la Universidad de Tel Aviv. Decidió estudiar filosofía de las ciencias. Un día lo llamó su tutor y le avisó que debido a sus repetidas llegadas tarde a clase, le suspenderían la beca. El tutor también le propuso una solución: "Podemos decir que como parte de tu desarrollo intelectual escribís cuentos de noche". Etgar le trajo al tutor los cuentos, y éste se los entregó a un profesor de literatura, para que diese su opinión profesional. El profesor devolvió un reporte de varias hojas en las que analizó el estilo de la escritura de Keret, y además le propuso reunir todos los cuentos y publicarlos. Así nació su primer libro: Tzinorot (Tubos).

-Vos contás todo esto como si te hubieran obligado a escribir, y que todo te sucedió por casualidad. Pero me imagino que tenías cierto interés en publicar tus cuentos, ¿no?

-Por supuesto. Yo todo el tiempo quería que el asunto de la escritura tuviera éxito. Pero todas las respuestas que recibí de mi entorno fueron que escribía cosas muy personales, y que no podían interesar a nadie que no me conociese. Entonces, ni siquiera intenté llevar los cuentos a alguna editorial. ¡Y de pronto la editorial vino a mí! Claro que me puse muy contento...

-¿Vos aceptaste el argumento de que lo que escribías era demasiado íntimo?

-Mirá, todos esos años yo pensaba que era una persona muy poco comunicativa. Además tartamudeada. Y cada vez que estaba con gente, no entendían lo que quería decir. Los cuentos eran para mí el modo de expresar lo que sentía. Y cuando me dijeron que mis cuentos tampoco se entendían, me pareció natural. Yo no pensaba que lo que escribía era aburrido. Yo pensaba que era interesante, pero sólo para mí.

-Bueno. Entonces sale Tzinorot...

-Tzinorot salió, y recibió críticas muy buenas, pero no vendió mucho. Yo seguí con los cuentos y empecé a escribir para la Jamishiá Hakámerit. Y cuando salió Gaagu'ái leKissinger (Mis nostalgias a Kissinger), ya tuvo mucho más éxito a nivel comercial. Y todo sucedió muy rápido.

-¿Cómo explicás semejante éxito?

-Yo creo que Tzinorot fue una especie de libro de culto, que la gente se pasaba de mano en mano, y que se promocionó a través de comentarios. En cierto modo le hizo las relaciones públicas a Gaaguai leKissinger. Y creo que el hecho de que escribiese para la Jamishiá Hakámerit también influyó mucho.

-¿Cómo llegaste a escribir para la Jamishiá Hakámerit?

-Esa es también una historia un tanto extraña. Yo trabajaba para un diario que se llamaba Jadashot (Noticias). Cuando el diario cerró, mi jefe, que me quería mucho, me llevó a su nuevo trabajo como editor de un programa de investigación televisiva muy exitoso. A mí me mandaban a hacer notas documentales. Ahora, yo por mi carácter, enseguida me encariñaba con los sospechosos que tenía que investigar. Entonces, digamos que tenía que investigar a un político que estaba en el medio de un escándalo, yo enseguida me ponía de su lado, y defendía sus posiciones. La gente del programa no sabía qué hacer conmigo. La mayoría de las notas que hice nunca salieron al aire. Al final me dijeron: "Vos tenés mucho talento, pero este estilo no es para vos". Y entonces me propusieron que escribiese para un programa satírico que estaba por salir al aire: Hajamishiá Hakámerit.

AL ESTE Y AL OESTE

-Me contaste que te vas a Estados Unidos. ¿Por qué?

-Me invitaron al programa "Fullbrigth" por tres meses. Es un congreso internacional de escritores.

-Más allá del programa en el que vas a participar, ¿Estados Unidos es un país que te interesa a nivel cultural?

-Antes que nada, la literatura estadounidense influyó mucho en mí. La literatura israelí trató siempre problemas generales, y nunca los del individuo. En ese sentido nunca logré identificarme con ella. Los héroes siempre eran más exitosos que yo, más inteligentes que yo, y más valientes que yo. No había muchas razones para que me identificase con ellos. Estados Unidos, quizás por que es un país que tiene su existencia asegurada, dio marco a la creación de personajes más humanos, con lo que me puedo identificar más fácil. Además me gusta mucho el cine americano, sobre todo el de los años '70.

-¿Y qué te parece la cultura de ahora?

-Me es difícil generalizar. Con respecto al cine, las películas no son tan buenas, pero la culpa la tiene el sistema de los grandes estudios. De todas maneras se siguen haciendo algunas películas independientes muy interesantes.

-¿Podrías vivir en Estados Unidos?

-Mirá, yo creo que no podría vivir en ningún lugar que no sea Israel. Es más, nunca estuve tanto tiempo fuera de Israel, como voy a estar esta vez. No sé cómo me voy a adaptar. Sí te puedo decir que me ofrecieron varias veces ir a otros países por esta cantidad de tiempo, y no acepté. Con respecto a Estados Unidos tengo la impresión de que me va a ser más fácil.

-Puede ser que Estados Unidos sea un lugar con menos "personalidad". Es decir, en Inglaterra uno siente la "inglesidad" en el ambiente. Lo mismo en Francia. En Estados Unidos no existe esa presión cultural…

-Sí. Yo también lo siento así. Yo creo que Estados Unidos es un lugar realmente pluralista. Y también hay algo que me atrae en el tamaño del país. Para cualquier israelí es una sensación extraña.

-Ahora hablemos de la India. Estuviste allí durante la filmación de Masheu Totali (Algo total). ¿Qué tal te fue?

-Yo soy una persona que, si no fuese por la película, en mi vida hubiese viajado a la India. No soy muy aventurero. El encuentro con la cultura hindú fue muy interesante. Fue interesante ver cómo cosas que a uno le parecen casi como leyes naturales, en realidad están determinadas por códigos culturales. En el momento en que tenés contacto con una cultura realmente diferente, te das cuenta que muchas cosas que te parecían totalmente naturales son en realidad el producto de decisiones.

-¿Tenés algún ejemplo?

-Por ejemplo, en las salas de espera de los hospitales hay reposeras, y podés tomar sol. La idea es: si de todos modos estás preocupado por que alguien que querés está siendo operado en la otra sala, ¿para qué, encima, tenés que estar sentado en una silla incómoda? Por lo menos sentite bien vos. Es más lógico que tener que sentarte en esas sillas de plástico. Y sin embargo cuando lo vi por primera vez, me sorprendió.

-Cuando volviste a Israel, ¿te ocurrió lo contrario? Es decir, ¿te pasó que viste cosas que te sorprendieron?

-Me paso algo así, aunque a un nivel más abstracto. Yo sé que Israel es una sociedad capitalista, y ya estoy acostumbrado a ella. Pero cuando volví de la India, de pronto el olor del dinero lo sentí más fuerte.

-¿Entonces lograste entender qué van a buscar tantos israelíes allá?

-Yo creo que lo que los israelíes buscan en la India, es exactamente lo mismo que buscan en Sudáfrica, y en Nueva Zelandia: buscan un lugar que no sea acá. ¿Pero sabés qué?, al final terminan llevándose a Israel para allá. Es el tipo que estuvo con vos en el ejército. Viajan juntos a la India, duermen un la misma carpa, y vos le gritás "¡Por qué te tirás pedos acá adentro!", y todo sigue siendo igual que cuando estaban en el ejército. Pero el hecho de que un soldado que se libera quiera viajar lejos me parece lógico. Más allá de los problemas de seguridad, la israelí es una sociedad muy ambiciosa. Cuando yo salgo a hacer lecturas en distintos países, conozco mucha gente con trabajos exelentes, que si quisiesen podrían ganar el doble o el triple. Pero ellos prefieren trabajar tres veces por semana, y estar más con la familia. ¡Y están conformes! Tienen una sensación de estabilidad en sus vidas, que acá no existe. En Israel vos sentís que todo el tiempo tenés que seguir trepando, porque en cualquier momento todo se derrumba. Una sensación muy típica de los inmigrantes, que la vida es todo el tiempo correr. Incluso si ya tenés un nivel de vida bueno, tenés que seguir peleando. Entonces, cuando los chicos salen del ejército, quieren viajar a un lugar donde no importa dónde vas a estar dentro de un año, por qué no avanzaste en tu carrera, cómo puede ser que todavía no ganaste un millón, y por qué no pediste un préstamo para comprar un departamento.

-¿Y entonces por qué seguís viviendo en un país así de desquiciado?

-Mis lazos con Israel son, por sobre todo, lazos personales. Mis amigos viven acá, mi familia vive acá, y yo tengo una relación muy cercana con ellos. Yo vivo el idioma hebreo, y estoy muy atado a él. Y no importa cuán bien hablo inglés: en cualquier lugar que no se habla hebreo, yo me siento extranjero. Y hay algo más. Yo pertenezco a la primera generación después del Holocausto. Mi mamá estuvo en el gueto de Varsovia, y perdió allí toda su familia. Mi papá también sobrevivió el Holocausto, y perdió una hermana en la guerra. Y aunque suene medio pavo, cuando yo estoy en otro país, siento que no es mi lugar. Y lo siento a un nivel muy básico. Yo estuve en Budapest, fui a un bar, y me persiguieron neo-nazis. Qué querés que te diga. En Israel me pasó que gente me persiguió, y no tuve un décimo del miedo que tuve allá. Pero yo no hablo sólo de antisemitismo. Yo digo que acá es mi casa, en el sentido más simple de la palabra. Estoy acostumbrado a que si camino cinco minutos llego al mar, al gusto del jumus. Son costumbres que no puedo abandonar.

-Antes hablamos sobre israelíes que cuando viajan a la India se llevan con ellos el estilo de vida israelí. Pero existe el fenómeno contrario: israelíes que vuelven de la India y se traen el estilo de vida hindú para acá. Ya sabés, todos los grupos de meditación trascendental, los festivales espirituales, etc. ¿Qué opinás de ese fenómeno?

-Por sobre todo, creo que la mayor parte de los israelíes que traen la cultura hindú para acá, la traen a un nivel muy superficial. Vestirse con sábanas, y decirle a todos "amigo" y "Let go", no me parece algo muy serio. Quiero decir, la culpa no la tiene la cultura hindú, que es muy rica e interesante, sino la actitud de quienes creen que porque se visten así son más espirituales. Es cierto que algunas personas vuelven de la India con una especie de energía positiva. Pero en muy pocos sentí que hubieran asimilado profundamente una nueva manera de pensar. De todas maneras me parece natural. Cuando uno viaja Estados Unidos vuelve con un disco de Britney Spears, y una filmadora DV que pasa de contrabando. Cuando uno viaja a la India, ¿con qué va a volver? Volvés con una concepción espiritual que se te pasa en dos semanas. Es una especie de moda. Es gente que hace tres años viajó a la India y volvió diciendo "Shanti, shanti" y hoy los ves que trabajan en telemarketing, y te quieren vender un aviso para la guía telefónica.

LA CÁSCARA Y LA NUEZ

-¿Vos creés que tus cuentos envejecen?

-No es una pregunta a la que yo pueda responder. Yo sólo te puedo decir que como mis libros salen cada tanto en un idioma nuevo, muchos de los lectores los leen ahora por primera vez. Y acá en Israel, Tzinorot vende más ahora que cuando salió.

-¿Y desde el punto de vista del estilo?

-Yo creo que todo aquel que escribe, y sobre todo si escribe en un estilo coloquial, sabe que ciertos términos y usos perderán su frescura con el tiempo.

-Te pregunto porque yo escucho muchas veces decir: "Yo también puedo escribir un cuento como los de Etgar Keret". Y me recordó a esa gente que ve un cuadro de Miró y dice "yo también puedo pintar algo así". Como si hacer unas rayas fuese lo mismo que ser Miró. ¿Puede ser que algunos de tus lectores se entusiasmen más de tu estilo que de las ideas que hay detrás?

-Es muy posible. Así como estoy seguro que mucha gente va a ver las películas de Tarantino porque tienen mucha acción y mucha sangre. A veces me pasa que hay un cuento que a mí me parece terrible, y viene alguien y me dice: "Che, qué gracioso escribís, qué loco sos..."

-¿Y qué opinás sobre eso?

-La comprensión de un cuento es algo muy íntimo, y yo no tengo ningún control sobre ese proceso. Hay mucha gente que se emociona muchísimo con uno de mis cuentos, y los demás los aburren. Y me parece bien, porque un cuento es como una propuesta de amistad. No creo que todo el mundo pueda enamorarse de todos mis cuentos todo el tiempo. Hay algunos que se conectan con los cuentos a un nivel muy profundo, y hay algunos que lo hacen a un nivel más superficial. ¿Y qué? Hay gente que escucha música clásica y llora, y gente para la cual la música clásica es el timbre de su teléfono celular.

-Pero, si pudieses elegir, preferirías que entendieran tus cuentos a un nivel más profundo...

-Vos hablás sobre mis cuentos... ¡Yo quisiera que la gente viviese la vida a un nivel más profundo! Quisiera que la gente comprendiese más profundamente su relación con sus hijos, con su pareja, con sus padres. Quisiera, y no siempre es así. Yo mismo muchas veces me descubro en situaciones en las que estoy sordo como una pared. Es algo que pasa en la vida, y también en la literatura.

Diccionario:

Najal: Una de las divisiones del ejército de Israel, dedicada a la creación de poblados agrícolas. En general quienes se enrolan al Najal provienen de movimientos judaicos juveniles, o de instituciones con un fuerte contenido ideológico.

Hajamishiá Hakámerit: "El Quinteto de Cámara". Programa televisivo satírico que destruyó muchos tabúes de la sociedad israelí. La mayoría de sus guionistas eran escritores de primera línea, y hasta hoy en día la televisión israelí no produjo ningún programa que llegase a los niveles de complejidad y perfección que "Hajamishiá" impuso.

Jumus: Alimento muy popular, de origen árabe, a base de garbanzos hervidos.