El Desmantelador de la Realidad - Entrevista a Etgar Keret - Segunda parte

Literatura israelí

Por: Ariel   Bercovich

En este segundo tramo de la charla con el escritor israelí, nos enteramos, entre otros temas, de su pensamiento acerca de las relaciones entre arte y política. Si en las primeras etapas de existencia de Israel como estado toda expresión cultural debía ser indiscutidamente militante, hoy esa relación no es tan obvia. En este, como en otros asuntos, Keret se muestra partidario de una actitud mucho más complejizante, exponiendo la punta del iceberg de una sociedad israelí distinta de la que se suele conocer.

-Si tuvieras que definir la fuente de inspiración de tus cuentos, ¿dirías que es la realidad o los sueños?

-Yo creo que la base es la realidad. Pero muchas veces mis cuentos son metáforas de la realidad y no la realidad misma. Supongamos que estoy enamorado de una chica, y ella es la novia de mi mejor amigo, así que no puedo salir con ella. Entonces escribo un cuento sobre un elefante de dieta, que en Yom Kipur (Día del Perdón) va a una confitería, y mira una torta a través del vidrio. Yo soy el elefante que mira la vidriera. En ese sentido mi cuento es realista.

-A veces tengo la impresión de que con tus cuentos intentás descubrir dónde la realidad es concisa, y dónde es es frágil. Cuando descubrís un lugar donde la realidad es frágil, ponés allí todo el peso del cuento, para ver qué pasa…

-Es cierto. Yo creo que muchas veces vivimos por inercia. La sociedad es un sistema que permite no pensar demasiado, y seguir avanzando. Digamos, por ejemplo, que vas a un kiosko a comprar cigarrillos. Le das al vendedor un billete de 100 shekels, él lo agarra y lo guarda en la caja. Entonces te mira y te dice: "No pagaste". ¿Qué hacés? ¿Cómo funciona ese sistema? Funciona gracias a la inercia. En mis cuentos me gusta descubrir fallas en el sistema. Grietas. Y poner toda la presión del cuento ahí, porque creo que si uno rompe esa cáscara, debajo está la realidad verdadera. La realidad de los sentimientos. Debajo de esa cáscara es donde la gente vive. Y yo trato romper esa cáscara, no por el hecho de romper, sino porque tengo un gran amor a la realidad. Porque creo que la vida es mucho más interesante y mucho más linda cuando tomamos en cuenta lo que pasa detrás de esa cáscara.

-Hablemos un poco sobre la temática de tus cuentos. Hay dos temas que en la literatura israelí siempre ocuparon un lugar muy central, y en cambio en tus cuentos aparecen muy poco, y apenas como decorado: el servicio militar, y el Holocausto. Creo que lo que caracteriza tu manera de tratar estos temas es que siempre los exponés desde un punto de vista subjetivo. Nunca incluís el aspecto ideológico. ¿Esta omisión de todo contexto político es conciente?

-Yo no sé si es conciente, pero sí te puedo decir que es auténtica. Yo creo que en Israel hay cierta jerarquía en la que el aspecto político de las cosas es el más importante. Y luego vienen aspectos secundarios como el sentimental, o el humanístico. Ahora, mirá, mi hermana es religiosa. Ella vive en Meah Shearim, y tiene nueve hijos. A nivel ideológico no tengo ninguna conexión con ella. Ella cree que Arieh Deri es inocente. No entiende por qué no les dan más subsidios a los religiosos, y por qué está mal que ella trabaje todo el día para que su marido estudie. A nivel humano yo la quiero muchísimo, y creo que es una persona encantadora. También conozco miles de personas que a nivel intelectual piensan exactamente como yo, y son malas personas, malos padres y malos amigos. Pero acá en Israel no hay lugar para esa disonancia. O sos como nosotros o no. Yo me acuerdo que tenía una novia de derecha, y me decían "¿Por quién votó?", "¡¿Cómo podés salir con una chica que votó a Bibi?!" Y eso es aplastar lo humano bajo algo inmenso y superficial que es la ideología. Si alguien es una persona excelente, pero cree que no hay que devolver los territorios ocupados, ¿yo no puedo ser su amigo? Yo no veo las cosas de esa manera... Y tampoco mis personajes las ven así.

-¿Qué opinás sobre los escritores que están muy identificados con un movimiento político, o con cierta ideología?

-Antes que nada es su derecho.

-Bueno, eso nadie lo discute. ¿Qué más?

-Más allá de eso, creo que la vida y la realidad son demasiado complejas como para resumirlas en un manifiesto. Están llenas de contradicciones. No es casualidad que los amigos que más querés, son los que más odiás, y que la gente de la que más te querés alejar, es la que más necesitás. Mi relación hacia la realidad es ambivalente. Venir con tres frases que resuelvan todo... yo no creo en eso.

-Está bien, pero yo no pregunto si el manifiesto es un medio legítimo, sino qué opinás sobre la relación entre arte y política.

-Mirá, lo primero que te puedo decir con respecto a los escritores que escriben según una ideología, es que en general sus libros no me gustan. Pero yo creo que hay también muchos escritores que hacen excelentes libros, y en otros foros expresan sus ideas políticas. Eso me parece muy legítimo.

-¿Y el conocer sus ideas políticas, no influye en la lectura que hacés de sus libros?

-No, no me influye, porque yo divido entre ambos aspectos del escritor. Yo creo que el escritor y su obra son dos cosas diferentes.

-¿Qué opinás, entonces, de la Parashat Wagner?

-Mirá, mis padres son sobrevivientes del Holocausto. A ellos no les gusta Wagner. A Wagner lo relacionan, a un nivel asociativo, con cosas muy feas que pasaron. Ellos tienen una suscripción a la Filarmónica, y mi papá me dijo: "No tengo problema que toquen Wagner, sólo pido que me avisen así no voy". Yo creo que si alguien quiere escuchar a Wagner, está en su derecho. Y si alguien no lo quiere escuchar, está en su derecho también.

-¿Entonces el estilo de vida que lleva un artista no tiene ninguna influencia sobre tu manera de comprender su arte?

-En lo que a mí respecta, no.

-¿Vos creés que quienes leen tus libros se interesan en tu idelogía?

-Yo creo que, en general, todo el asunto de venderle al público una ideología es algo que desmerece el arte. Si vos utilizás tu poder de convocatoria para promover cierto partido político, es como utilizarlo para vender cornflakes.

-Pero, lo mires como lo mires, las ideas están relacionadas con nuestra manera de ver el mundo. ¿Cómo lográs que no influyan en el proceso de creación?

-Yo no digo que no tengo ideas políticas. Tengo ideas políticas muy concisas. Pero me es dificil definirlas según un partido político. Y ¿sabés qué?, a mí ya me acusaron de zurdo, de derechista, de lo que quieras. Cuando fueron los disturbios de octubre, y los policías dispararon a los manifestantes árabes, yo fui a consolar a las familias de los fallecidos, y pedí que se hiciese una investigación oficial.

-¿Por qué?

-Porque me sentí tocado por el sufrimiento de esas familias. Pero mi identificación no fue política. Simplemente pensé: "Si hay trece familias cuyos hijos murieron, y son ciudadanos israelíes, me parece que hay que investigar qué pasó". Yo ni siquiera intenté preguntarme si eran culpables o inocentes. Si un tren se hubiese caído de un puente, ¿habrían investigado? Bueno, entonces que investiguen qué pasó. Quizás hay que darle a los policías una medalla, quién sabe… No es que no tenga ideas políticas. Sin ir más lejos, esta semana escribí un artículo político para el diario alemán Der Zitte. Y te digo la verdad, prefiero escribir para el exterior.

-¿Por qué?

-Porque por experiencia, en el exterior la gente está menos atada a un estigma específico. Acá en Israel empezás a hablar con alguien y enseguida empieza: "Pará, pero ¿sos zurdo, facho, estás a favor de Shas?" Trata de entenderte a través de tu identidad política.

-Ultima pregunta al respecto. Digamos que mañana salís con declaraciones derechistas extremistas, y confesás que estás afiliado al Mafdal. ¿Creés que perderías lectores?

-Seguramente si saliese con cualquier declaración política, perdería algunos lectores y también ganaría otros. Pero ninguno de estos me interesan como lectores de mis cuentos. Una persona que empieza o deja de leer mis libros por mis ideas políticas, no es el lector para el que yo escribo. Mirá, cuando publiqué el cuento "Daruj venatzur" (Cargado y trabado), recibí dos cartas: una que me acusaba de derechista y me decía: "¡Fachista, golpeador de árabes, ojalá que alguna vez la policía te golpee a vos!". La otra carta me acusaba de izquierdista y decía: "Ya estamos podridos de los que se compadecen de los árabes de porquería". Ahora, ese cuento es sobre una persona que está sirviendo en el éjercito, y se vuelve loco. Y todo lo que el cuento quiere decir es que para quien sirve en los territorios ocupados es imposible ser indiferente a lo que pasa a su alrededor. Todas las interptretaciones más allá de eso, son responsabilidad de los lectores. El cuento intenta iluminar un problema. Señalar un fenómeno. Pero en Israel señalás un problema y empiezan "¡Pará!, ¿a qué te referís, hay que matar a todos los árabes o no?" Y eso es una reducción de la vida. Es como tener a disposición todos los gustos del mundo y elegir un menú de McDonald's.

-Pero en algún momento hay que elegir, ¿no? No se puede pasar toda la vida chequeando opciones. Al final se compra algo...

-Sí, y yo elijo. Pero mis ideas dirigen mi vida y no mi escritura. No se puede pretender que al acercar mis cuentos a una vela aparezca la palabra Meretz.

-Para finalizar quiero que me definas el término israelidad.

-Es muy difícil de definirla en palabras, por que la israelidad es algo muy fresco. Todavía se está cocinando. Yo creo que justamente una de nuestras debilidades es buscar soluciones instantáneas. Lo que te puedo decir es cuál es a mi parecer el mayor peligro y la mayor ventaja de esta situación. Israel es, como se dice, un crisol de culturas. El mayor peligro es que la insensibilidad y la intolerancia reduzcan esa riqueza cultural a su mínimo común denominador. Es decir, que cada uno renuncie a sus raíces culturales, y lo que quede sea la preocupación común por tener más plata y una camioneta. La buena noticia es que quizás podamos realmente producir una fusión cultural, y que todas esas culturas juntas nos permitan tener una visión más rica y más crítica de nuestra realidad.

-¿Y cuál será esa base común?

-Yo no puedo predecir cuál será, pero creo que con el tiempo, esa base se generará. Mirá lo que pasa en Francia, o en Estados Unidos. ¿Qué tienen los estadounidenses en común? Que han vivido muchos años juntos, y que tienen una historia en común. Yo creo que todo eso llega con el tiempo. Acá en Israel las cosas son tan inmediatas…Te voy a contar algo. Estuve hace poco en Dublin, y me invitaron al museo de James Joyce. El gerente del museo, que era también pariente de Joyce, me dijo: "¿Sabés que en tres años van a empezar a enseñar a Joyce en las escuelas secundarias?" Me contó que hubo deliberaciones durante más de quince años, y ahora decidieron que lo van a agregar al programa de estudios. Ahora bien, mi libro Gaaguai leKissinger (Mi nostalgia por Kissinger), lo empezaron a enseñar tres años después que salió. Y en Irlanda todavía discuten sobre Joyce, ¡¿entendés?!

CUESTIONARIO:

-Dame una razón para irse del país.

-Ir a un lugar donde la gente odie menos.

-Dame una razón para quedarse en el país.

-Es el lugar más íntimo para mí.

-Dame una razón para volverse religioso.

-Creo que es muy difícil avanzar en la vida sin creer que hay algo más allá.

-Dame una razón para dejar de ser religioso.

-Porque es difícil creer que lo que hay más allá quiera que vivamos según leyes tan meticulosas y severas.

-¿Quién tendría que ser el ministro de Cultura?

-Adam Baruj.

-Una conclusión o sabiduría sobre la vida.

-Las cosas más importantes en la vida son aquellas a las que no se les puede dar nombre.

 

DEFINICIONES:

Meah Shearim: Barrio de Jerusalem. Fue uno de los primeros barrios que se construyeron fuera de la Ciudad Vieja. Todos sus pobladores son ultrarreligiosos.

Arieh Deri: Fue durante muchos años el líder del partido político religioso sefardí Shas. Hace dos años fue encarcelado luego que se lo encontró culpable de varios casos de corrupción. Sus votantes, y gran parte del público religioso, opinan que Deri es inocente, y que su condena es un ejemplo más de la política racista de la élite ashkenazí contra los religiosos y los sefardíes o mizrajim (orientales, judíos que inmigraron desde los países árabes).

Bibi (Biniamín Netaniahu): Ex primer ministro israelí, perteneciente al partido político Likud, de orientación centro-derechista.

Parashat Wagner: Caso Wagner. Desde la creación del Estado de Israel, existía un acuerdo tácito según el cual ninguna orquesta israelí interpretaría obras del músico alemán Richard Wagner, conocido por sus ideas antisemitas, y por ser el músico preferido de Hitler. (Muchas de las víctimas del Holocausto fueron conducidas a las cámaras de gas mientras la música de Wagner sonaba en los parlantes de los campos de exterminio). Este acuerdo fue quebrado por el director de la Orquesta Filarmónica de Berlín, Daniel Barenboim, que en su última presentación en Israel condujo una de las obras de Wagner a pesar de los acuerdos previos con los organizadores del festival al que estaba invitado. El episodio produjo un debate público muy acalorado.

Disturbios de octubre: En el mes de octubre del 2000, poco después de iniciarse la Intifada de Al Aqsa en los territorios, tuvieron lugar en varias ciudades árabes de Israel manifestaciones violentas, y se produjeron fuertes enfrentamientos con la policía. En estos enfrentamientos murieron 13 manifestantes, ciudadanos árabes israelíes.

Shas: Partido político israelí. La mayoría de sus votantes son de origen sefardí y respetan las costumbres religiosas.

Mafdal: Partido político sionista-religioso, que está a favor de mantener los territorios ocupados bajo dominio israelí.

Meretz: Partido político de izquierda a favor de entregar territorios ocupados a cambio de un acuerdo de paz. Muchos de los artistas y intelectuales israelíes pertenecen a este partido político.

Adam Baruj: Escritor y periodista que fue en su infancia ultraortodoxo y que hoy, si bien su estilo de vida es laico, dedica la mayor parte de su tiempo al estudio de la Torá, y todo lo relacionado con la cultura judía.