Opinión
EL ANTÍDOTO PARA EL ISLAMISMO PARANOICO

Por Amos Oz
Para LA NACION

22/08/2003

El atentado suicida en la sede de las Naciones Unidas en Bagdad y el
atentado suicida en Jerusalén en un colectivo repleto de familias y
niños que regresaban de orar se registraron con tan sólo 5 horas de
diferencia el martes. En cada uno hubo por lo menos 20 muertos y
aproximadamente 100 heridos.

Aún no sabemos quién perpetró el atentado asesino en Bagdad, pero
sabemos exactamente quién fue el hombre que destruyó el colectivo en el
que iban esas familias en Jerusalén.

Su nombre era Raad Abd-el-Hamis Mask, oriundo de Hebrón. Esta vez no se
trató de un adolescente pobre, analfabeto y con el cerebro lavado. En
absoluto. En realidad, se trató de uno de los que se ocupan de lavar
cerebros: un clérigo superior, un imán, de una de las más prominentes
mezquitas de Hebrón; también enseñaba religión en una escuela secundaria.

Los dos crímenes no fueron planificados por el mismo cerebro gris, pero
tienen mucho en común: una fuerza que alguna vez fue descripta por el
escritor Salman Rushdie como "islamismo paranoico" ha intervenido en
ambos casos. El mismo fenómeno acaso esté detrás del hecho de que de los
28 conflictos violentos que en este momento azotan el planeta en no
menos de 25 interviene por lo menos un partido islámico, desde Indonesia
hasta Cachemira, desde Sudán hasta Chechenia, desde Medio Oriente hasta
el norte de Africa.

Enemigos morales


El islamismo paranoico sostiene que "la modernidad", u "Occidente", o
"los judíos", o "las superpotencias", o incluso "toda la comunidad
internacional" conspiran para eliminar al islam y, por lo tanto, los
genuinos creyentes deben actuar anticipadamente y barrer con todos sus
enemigos. Para esos paranoicos casi todas las personas del mundo son
enemigos mortales.

El islamismo paranoico se ha convertido en el peor enemigo de la
civilización musulmana propiamente dicha, un enemigo de sus valores, de
su legado, de su larguísima tradición de tolerancia y sabiduría.

El extremismo chauvinista se ha convertido en la peor amenaza para la
cultura de los árabes en términos generales y para casi todas las
estructuras políticas árabes en particular. (Paradójicamente, una
combinación más o menos similar de paranoia y chauvinismo agresivo
también está amenazando a la Israel judía desde adentro. Ciertas
sociedades cristianas acaso no estén inmunes tampoco.)

Fervor y moderación


Ese sangriento mal no puede ser aplastado sencillamente por la fuerza.
No es suficiente aplacarlo mostrando el garrote; debe ser curado.

Pienso que el antídoto para el islamismo que ha enloquecido sólo puede
encontrarse dentro del propio terreno del islam sano y moderado. (Lo
propio vale para otras culturas que llevan en su interior gérmenes de
insania.)

No podemos curar la locura simplemente aplastándola. Debemos respaldar,
apoyar y ciertamente confiar básicamente en los elementos sanos, en las
mayorías silenciosas, en las fuerzas pragmáticas dentro de cada cultura
y sociedad infectadas. En lugar de señalar con el dedo al islam como
tal, o a los judíos, o a "Occidente", busquemos hasta encontrar y
apuntalar a los moderados de cada sociedad. Ayudémoslos para que
predominen. Ayudémoslos para que aplaquen y curen los sectores
corrompidos de sus propias familias.

El problema es que los moderados normalmente no tienen el fervor para
defender su moderación frente a los fanáticos. Si tienen fervor, podrían
perder fácilmente su moderación. Sin embargo, creo que es hora de
combinar fervor y moderación.

Aquellos que tienen esa mezcla de moderación y firme voluntad merecen
heredar la Tierra, aunque más no sea porque jamás emprendieron una
cruzada ni lanzaron una jihad (guerra santa) para apoderarse de ella.



Traducción: Luis Hugo Pressenda