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La lucha en el norte de Israel y el Líbano no es una lucha
por los recursos, por la tierra o por algún derecho Comenzó
porque Irán quiere destruir el proceso de paz y porque Siria,
al menos mientras Israel no acepte sus condiciones, se alinea
con Irán. Se trata de una situación sin vencedor para las
perspectivas de paz: si Israel es atacada y se traga el
ataque, favorece a los ayatolás porque pone a los israelíes
en contra de la paz. Si devuelve el ataque, son los árabes
los que se Ponen en contra de la paz. Las dos cosas convienen
a Irán.Los fanáticos islámicos desearían que Israel
volviera a ser objeto de odio y aislamiento en Oriente Próximo.
Su objetivo es revivir el antiguo telón de acero: Israel
contra todos los árabes; Israel contra todo el Islam; el
mundo entero contra Israel.El objetivo de Israel es el
opuesto: aislar el fundamentalismo islámico haciendo la paz
con los palestinos y con otras naciones árabes. Irán y sus
subordinados pueden haber captado más rápidamente que
nosotros que en un Oriente Próximo pacificado estarán tan
aislados como el Irak de Sadam, mientras que si se hunde el
proceso de paz Israel será considerado nuevamente el apestado
de la zona.¿Quién se encontrará a la postre en un
lamentable aislamiento? Esta es una lucha sutil que tiene
lugar fundamentalmente en el corazón de las gentes, no en el
terreno militar. Al obligar a la población civil del Sur del
Líbano a huir de sus hogares debido al terrible y accidental
bombardeo del campo de refugiados de Qana, Israel sufrió una
derrota política y moral en esta batalla en las mentes y los
corazones.Es natural que las cámaras de televisión jueguen
un papel decisivo en la lucha emocional entre el odio y la
reconciliación. Ningún ejército ha ganado jamás esa
batalla. Hace mucho que los enemigos de la paz lo han
comprendido mientras que Israel parece lento en interpretar lo
que estaba escrito al menos desde la Intifada palestina, otra
batalla sobre los sentimientos que Israel confundió con un
desafío militar.Las consideraciones militares
"profesionales" no deberían prevalecer ni siquiera
en las ocasiones en que se hace inevitable ejercer la fuerza
militar: hacer la paz no es una operación militar; un cambio
de sentimientos no depende de derrotar al enemigo sino de
vencer al odio.Desde febrero, Irán y sus subordinados han
venido lanzando una ofensiva astuta y maligna dirigida a
provocar una reacción de violencia en cadena cortando así el
brote de la reconciliación árabe-israelí. Esa ofensiva no
se puede repeler mediante la simple respuesta militar, de
hecho, los contrataques israelíes son un factor crucial en él
plan iraní. Nuestra ira se puede convertir en uvas dulces
para Irán.Deberíamos estar aislando a los enemigos de la paz
y fortificando la inestable coalición antifundamentalista en
Oriente Próximo.Israel tenía razón al defenderse del
continuo acoso de su población civil lanzando un golpe
selectivo sobre objetivos estratégicos de Líbano a fin de
obligar a reconsiderar su política al Gobierno libanés y sus
patronos sirios. Pero debería haber declarado desde el
principio que está dispuesto a entregar la "zona de
seguridad" del sur de Líbano al Gobierno libanés
siempre que Líbano de ciertas garantías fundamentales.Sin
embargo, no tenía razón ni moral ni política para obligar a
masas de civiles libaneses a abandonar sus hogares en el Sur
de Líbano afirmando que Hezbolá los está utilizando como
"barricadas humanas". Era fácil predecir que los
terroristas irían donde fueran esos refugiados a fin de
continuar explotándolos como "barricadas humanas".
Israel debería haber entendido de una vez por todas que un ejército
no puede funcionar como un escuadrón de detectives que se
dedican a descubrir un puñado de atacantes en la espesura de
una población inocente: si hubieran apuntado a objetivos
estratégicos de Líbano hubieran acabado de sobra con la
agresión contra Israel. Deberíamos haber evitado la caza del
hombre. Y por encima de todo, deberíamos haber actuado de tal
forma que se aislara a los agentes del odio y fortaleciera a
los que respaldan la paz, tanto el Líbano como en otras
partes.Puede que no sea demasiado tarde: Israel podría
abandonar, quizá por fases, la zona de seguridad a cambio de
un sólido acuerdo. Ese acuerdo sería el golpe más duro a
los enemigos de la paz. Ha llegado la hora de los
estadistas.El fuego no se puede apagar con fuego. Incluso
cuando la única alternativa es devolverlo, hay que hacerlo
sin seguir el juego del incendiario.
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