LA VANGUARDIA - 10/03/2002



La carta de los militares israelíes

ABRAHAM B. YEHOSHUA

La carta de los oficiales y soldados del Ejército israelí en la que anuncian su rechazo a actuar en los territorios en operaciones de vigilancia para evitar atentados y, sobre todo, en acciones destinadas a defender los asentamientos de colonos está teniendo cada vez más peso en la izquierda israelí. Éste es un signo más del caos que domina la región. Tarde o temprano, toda persona del sector pacifista deberá tener una postura definida en este sentido, ya que no hay duda de que el presidente Ariel Sharon no quiere llegar a ningún acuerdo con la Autoridad Nacional Palestina (ANP), a punto de desmoronarse. De hecho, su intención es mantener el status quo hasta lograr la rendición absoluta de la ANP.

Entre tanto, el agravamiento de la situación ya está escrito con letras de sangre y fuego. El caos descontrolado que astutamente promueve Arafat y la venganza brutal de Sharon se aliarán a la perfección para conducirnos a un futuro siniestro para todos. Por ello, la carta de los oficiales disidentes cae en un terreno fértil, sembrado de una profunda desesperación y frustración entre el sector pacifista. Incluso ha despertado el apoyo de parte de los intelectuales israelíes, que ya han empezado a publicar cartas en las que se solidarizan con los oficiales del Ejército.

Por supuesto, hay también posturas en contra, e incluso anuncios de oficiales que condenan la postura de sus colegas. Y el ambiente en la calle se caldea cada vez más. Durante la guerra de Líbano surgió un movimiento parecido de disidencia llamado Yesh Gevul (Hay un Límite), pero no logró concentrar a demasiadas personas. A unos pocos los pusieron en la cárcel un tiempo y con eso, más o menos, acabó todo.

¿Acabará igual el nuevo movimiento de disidencia dentro del Ejército? De momento, no se puede saber. Hace unos días hubo una manifestación pacifista promovida por el movimiento Paz Ahora, pero al parecer no acudieron demasiadas personas. Durante la manifestación se produjo un grave atentado en uno de los mayores asentamientos de colonos: otro kamikaze y más adolescentes muertos o heridos. Un imparable círculo de sangre. Y, como siempre, se despierta una solidaridad instintiva hacia las víctimas inocentes y la protesta política contra el gobierno pierde fuerza.

Lo que está claro ahora es que la mayoría de la población israelí está a favor de una retirada unilateral y temporal de parte de los territorios, de la eliminación de los asentamientos de colonos y de la creación de una frontera verdadera entre ambos pueblos. Sin embargo, que estos deseos lleguen a materializarse políticamente es algo aún lejano mientras el Partido Laborista no decida abandonar el gobierno de unidad nacional con Sharon y los deseos de la mayoría de la población se conviertan en el único y claro programa del centro, del laborismo y de la izquierda.

Ya hablé de ese programa hace más de medio año en el diario "La Stampa", y hace poco lo expuse en un periódico israelí y tuvo un gran eco entre muchas organizaciones, incluso entre el jefe del Mossad y el Shabak (Servicio de Seguridad General). Pero la gran pregunta es si este plan recibirá impulso. Sin la eliminación de todos esos pequeños asentamientos de colonos dispersos como espinas mortales en el territorio palestino, ese plan no tiene posibilidad alguna de ser aceptado.

Sharon, que afirmó al principio de su legislatura que "no había cambiado", ha demostrado ciertamente con sus actos que mantiene lo que dice. Él no es el general francés Charles de Gaulle ni el sudafricano Frederik de Klerk, sino un general campesino, de los de la vieja guardia, que siente la tierra como lo más importante de todo.

Por otro lado, en relación con la carta de los oficiales del Ejército, y a pesar de mi empatía natural hacia la actitud moral que ha generado dicho escrito y mi gran simpatía por sus autores -la mayoría son de los mejores militares del Ejército-, he de decir que no estoy de acuerdo con su iniciativa. Afortunadamente para mí, veo que también muchos de los líderes de la izquierda moderada se oponen a la postura de esos oficiales. Me gustaría, por tanto, explicar las razones de mi desacuerdo.

1. La idea de un gobierno judío es muy nueva dentro la historia judía. Durante toda la época de la diáspora, el judío estaba libre de cualquier imposición real por parte de otro judío. Los judíos podían discutir entre ellos, polemizar, pero ningún judío vivía bajo la autoridad de un gobierno judío que le obligara a acatar las normas impuestas en una marco de vida plenamente judío. Digamos que el judío estaba subordinado a un gobierno no judío, y por tanto se puede decir que la vida del judío en la diáspora era esencialmente anárquica. El precio de vivir así lo conocemos a través de las persecuciones, el exterminio y la asimilación. El establecimiento del Estado de Israel cambió de forma radical la situación del judío. Se liberó del yugo de un gobierno gentil para mantener su propia soberanía dentro de un marco democrático y, sin ser una democracia perfecta -como muchas otras democracias en el mundo-, sigue siendo una democracia con unas elecciones libres y donde se respeta la libertad de expresión. Por ello, cualquier daño al tejido de una democracia joven y frágil (no por la posibilidad de desviarse hacia un totalitarismo, sino por el riesgo de derivar en una anarquía) es un peligro y en este caso el negarse a cumplir las órdenes del Ejército es un acto que no debe ser aplaudido.

2. La derecha siempre está amenazando con que el día en que se decida eliminar los asentamientos de colonos actuará de acuerdo con su conciencia y se negará a seguir las órdenes del gobierno electo y, además, tratará de ponerle las cosas difíciles. De ninguna de las maneras hay que legitimar el posible rechazo de la derecha a cumplir lo establecido por el gobierno, ya sea en relación con los asentamientos, ya sea en el terreno del nacionalismo religioso, legitimando la negación de los militares de izquierda a acatar las órdenes establecidas.

Cuando llegue el día en que los dos pueblos se separen y sea necesario acabar con los asentamientos, el gobierno pacifista se enfrentará a una difícil prueba que puede terminar siendo tan violenta que acabe en una guerra civil. Por tanto, los pacifistas tendrán que enfrentarse a esa prueba con las manos limpias desde el punto de vista de su comportamiento democrático. Así podrán decir a los colonos: nosotros actuamos de forma democrática cuando ello suponía ir en contra de nuestros principios, por lo que ahora debéis acatar igualmente el deseo de la mayoría.

3. La última razón tiene que ver con el carácter caótico de nuestra lucha con los palestinos. Cuando los oficiales y los soldados argumentan, con razón, que han de realizar crueles operaciones de vigilancia contra población civil en los puestos de control y en las calles, tienen razón pero sólo en parte, dado que esas mismas operaciones contra personas inocentes sirven también para detener a terroristas palestinos, que no sólo desean liberarse -y con razón- del yugo de la ocupación israelí, sino también expulsar a todos los israelíes del Estado de Israel. No se trata sólo de una lucha por mantener los asentamientos y la ocupación, sino de una lucha por defender el derecho a la existencia de Israel. Todo se mezcla y, por tanto, una misma operación militar puede ser un acto de conquista o un acto de legítima defensa.

Por eso, toda actitud de disidencia puede de antemano acabar con la solidaridad fundamental hacia aquellos oficiales y soldados cuyas ideas tal vez sean parecidas a las de los que firmaron la carta, pero que también se ven como defensores de su país, de su casa, en el sentido más llano de la palabra.

Por tanto, a pesar de que veo en la carta de los oficiales y soldados un gesto valiente y fruto de consideraciones morales (y no de una insolidaridad cobarde), no puedo estar de acuerdo con ella. En su lugar, les pediría a todos esos oficiales y soldados que, en este tiempo tan duro, vuelvan a los territorios, pero que traten de que su actitud sensata y moral influya en sus compañeros y superiores, para evitar el sufrimiento y la humillación a la población palestina que lucha contra nosotros. Mientras, espero que el Gobierno de Ariel Sharon entienda el significado de la luz de alarma que acaba de encenderse: si pensáis que podéis hacer todo lo que queráis con el fin de hundir a los palestinos y así mantener los asentamientos, estáis equivocados. El apoyo del pueblo se desvanece con rapidez.

ABRAHAM B. YEHOSHUA, escritor israelí, inspirador del movimiento Paz Ahora
Traducción: Sonia de Pedro

 

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