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La
carta de los militares israelíes
ABRAHAM
B. YEHOSHUA
La
carta de los oficiales y soldados del Ejército israelí en la que
anuncian su rechazo a actuar en los territorios en operaciones de
vigilancia para evitar atentados y, sobre todo, en acciones destinadas a
defender los asentamientos de colonos está teniendo cada vez más peso en
la izquierda israelí. Éste es un signo más del caos que domina la región.
Tarde o temprano, toda persona del sector pacifista deberá tener una
postura definida en este sentido, ya que no hay duda de que el presidente
Ariel Sharon no quiere llegar a ningún acuerdo con la Autoridad Nacional
Palestina (ANP), a punto de desmoronarse. De hecho, su intención es
mantener el status quo hasta lograr la rendición absoluta de la ANP.
Entre tanto, el agravamiento de la situación ya está escrito con letras
de sangre y fuego. El caos descontrolado que astutamente promueve Arafat y
la venganza brutal de Sharon se aliarán a la perfección para conducirnos
a un futuro siniestro para todos. Por ello, la carta de los oficiales
disidentes cae en un terreno fértil, sembrado de una profunda desesperación
y frustración entre el sector pacifista. Incluso ha despertado el apoyo
de parte de los intelectuales israelíes, que ya han empezado a publicar
cartas en las que se solidarizan con los oficiales del Ejército.
Por supuesto, hay también posturas en contra, e incluso anuncios de
oficiales que condenan la postura de sus colegas. Y el ambiente en la
calle se caldea cada vez más. Durante la guerra de Líbano surgió un
movimiento parecido de disidencia llamado Yesh Gevul (Hay un Límite),
pero no logró concentrar a demasiadas personas. A unos pocos los pusieron
en la cárcel un tiempo y con eso, más o menos, acabó todo.
¿Acabará igual el nuevo movimiento de disidencia dentro del Ejército?
De momento, no se puede saber. Hace unos días hubo una manifestación
pacifista promovida por el movimiento Paz Ahora, pero al parecer no
acudieron demasiadas personas. Durante la manifestación se produjo un
grave atentado en uno de los mayores asentamientos de colonos: otro
kamikaze y más adolescentes muertos o heridos. Un imparable círculo de
sangre. Y, como siempre, se despierta una solidaridad instintiva hacia las
víctimas inocentes y la protesta política contra el gobierno pierde
fuerza.
Lo que está claro ahora es que la mayoría de la población israelí está
a favor de una retirada unilateral y temporal de parte de los territorios,
de la eliminación de los asentamientos de colonos y de la creación de
una frontera verdadera entre ambos pueblos. Sin embargo, que estos deseos
lleguen a materializarse políticamente es algo aún lejano mientras el
Partido Laborista no decida abandonar el gobierno de unidad nacional con
Sharon y los deseos de la mayoría de la población se conviertan en el único
y claro programa del centro, del laborismo y de la izquierda.
Ya hablé de ese programa hace más de medio año en el diario "La
Stampa", y hace poco lo expuse en un periódico israelí y tuvo un
gran eco entre muchas organizaciones, incluso entre el jefe del Mossad y
el Shabak (Servicio de Seguridad General). Pero la gran pregunta es si
este plan recibirá impulso. Sin la eliminación de todos esos pequeños
asentamientos de colonos dispersos como espinas mortales en el territorio
palestino, ese plan no tiene posibilidad alguna de ser aceptado.
Sharon, que afirmó al principio de su legislatura que "no había
cambiado", ha demostrado ciertamente con sus actos que mantiene lo
que dice. Él no es el general francés Charles de Gaulle ni el
sudafricano Frederik de Klerk, sino un general campesino, de los de la
vieja guardia, que siente la tierra como lo más importante de todo.
Por otro lado, en relación con la carta de los oficiales del Ejército, y
a pesar de mi empatía natural hacia la actitud moral que ha generado
dicho escrito y mi gran simpatía por sus autores -la mayoría son de los
mejores militares del Ejército-, he de decir que no estoy de acuerdo con
su iniciativa. Afortunadamente para mí, veo que también muchos de los líderes
de la izquierda moderada se oponen a la postura de esos oficiales. Me
gustaría, por tanto, explicar las razones de mi desacuerdo.
1. La idea de un gobierno judío es muy nueva dentro la historia judía.
Durante toda la época de la diáspora, el judío estaba libre de
cualquier imposición real por parte de otro judío. Los judíos podían
discutir entre ellos, polemizar, pero ningún judío vivía bajo la
autoridad de un gobierno judío que le obligara a acatar las normas
impuestas en una marco de vida plenamente judío. Digamos que el judío
estaba subordinado a un gobierno no judío, y por tanto se puede decir que
la vida del judío en la diáspora era esencialmente anárquica. El precio
de vivir así lo conocemos a través de las persecuciones, el exterminio y
la asimilación. El establecimiento del Estado de Israel cambió de forma
radical la situación del judío. Se liberó del yugo de un gobierno
gentil para mantener su propia soberanía dentro de un marco democrático
y, sin ser una democracia perfecta -como muchas otras democracias en el
mundo-, sigue siendo una democracia con unas elecciones libres y donde se
respeta la libertad de expresión. Por ello, cualquier daño al tejido de
una democracia joven y frágil (no por la posibilidad de desviarse hacia
un totalitarismo, sino por el riesgo de derivar en una anarquía) es un
peligro y en este caso el negarse a cumplir las órdenes del Ejército es
un acto que no debe ser aplaudido.
2. La derecha siempre está amenazando con que el día en que se decida
eliminar los asentamientos de colonos actuará de acuerdo con su
conciencia y se negará a seguir las órdenes del gobierno electo y, además,
tratará de ponerle las cosas difíciles. De ninguna de las maneras hay
que legitimar el posible rechazo de la derecha a cumplir lo establecido
por el gobierno, ya sea en relación con los asentamientos, ya sea en el
terreno del nacionalismo religioso, legitimando la negación de los
militares de izquierda a acatar las órdenes establecidas.
Cuando llegue el día en que los dos pueblos se separen y sea necesario
acabar con los asentamientos, el gobierno pacifista se enfrentará a una
difícil prueba que puede terminar siendo tan violenta que acabe en una
guerra civil. Por tanto, los pacifistas tendrán que enfrentarse a esa
prueba con las manos limpias desde el punto de vista de su comportamiento
democrático. Así podrán decir a los colonos: nosotros actuamos de forma
democrática cuando ello suponía ir en contra de nuestros principios, por
lo que ahora debéis acatar igualmente el deseo de la mayoría.
3. La última razón tiene que ver con el carácter caótico de nuestra
lucha con los palestinos. Cuando los oficiales y los soldados argumentan,
con razón, que han de realizar crueles operaciones de vigilancia contra
población civil en los puestos de control y en las calles, tienen razón
pero sólo en parte, dado que esas mismas operaciones contra personas
inocentes sirven también para detener a terroristas palestinos, que no sólo
desean liberarse -y con razón- del yugo de la ocupación israelí, sino
también expulsar a todos los israelíes del Estado de Israel. No se trata
sólo de una lucha por mantener los asentamientos y la ocupación, sino de
una lucha por defender el derecho a la existencia de Israel. Todo se
mezcla y, por tanto, una misma operación militar puede ser un acto de
conquista o un acto de legítima defensa.
Por eso, toda actitud de disidencia puede de antemano acabar con la
solidaridad fundamental hacia aquellos oficiales y soldados cuyas ideas
tal vez sean parecidas a las de los que firmaron la carta, pero que también
se ven como defensores de su país, de su casa, en el sentido más llano
de la palabra.
Por tanto, a pesar de que veo en la carta de los oficiales y soldados un
gesto valiente y fruto de consideraciones morales (y no de una
insolidaridad cobarde), no puedo estar de acuerdo con ella. En su lugar,
les pediría a todos esos oficiales y soldados que, en este tiempo tan
duro, vuelvan a los territorios, pero que traten de que su actitud sensata
y moral influya en sus compañeros y superiores, para evitar el
sufrimiento y la humillación a la población palestina que lucha contra
nosotros. Mientras, espero que el Gobierno de Ariel Sharon entienda el
significado de la luz de alarma que acaba de encenderse: si pensáis que
podéis hacer todo lo que queráis con el fin de hundir a los palestinos y
así mantener los asentamientos, estáis equivocados. El apoyo del pueblo
se desvanece con rapidez.
ABRAHAM
B. YEHOSHUA, escritor israelí, inspirador del movimiento Paz Ahora
Traducción: Sonia de Pedro
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