La Vanguardia  - 09/02/2003

 

ABRAHAM B. YEHOSHUA

Europa y las elecciones en Israel.

 

PARA CALMAR LA situación en Oriente Medio, Europa debe inmiscuirse más y mostrarse firme ante el Gobierno de derechas israelí SIGUE HABIENDO, EN EL nuevo Parlamento, una mayoría que apoya la creación de un Estado palestino al lado del Estado de Israel.

ABRAHAM B. YEHOSHÚA - 09/02/2003

Cuando se analizan los resultados de unas elecciones, se puede hacer de manera superficial o en profundidad. En un análisis somero se buscan las razones inmediatas de la victoria o la derrota de este o aquel partido teniendo en cuenta la estrategia -acertada o equivocada- del candidato durante la campaña electoral: ciertas declaraciones, su personalidad, qué es lo que irradiaba a los votantes, etcétera. En cambio, en un análisis a fondo se pretende ver cuáles han sido los procesos internos que se han producido y que determinan que se vote a cierto partido a pesar de sus fracasos políticos y de las serias reservas hacia sus líderes. La estrategia acertada o no de un partido durante la campaña electoral puede hacer que obtenga unos pocos escaños de más o de menos, pero no llega a romper con pautas fundamentales en el proceso electoral. Es cierto que tras unas elecciones hay una tendencia natural a centrarse en las diferentes actitudes que han triunfado o fracasado, pero por mucho que se haga un análisis basado en datos certeros no se conseguirá comprender realmente qué pasó. Por tanto, voy a tratar de dar al lector europeo -perplejo y confuso con la enrevesada estructura que conforman los partidos israelíes- algunas ideas que hablan de los procesos que últimamente se están dando en la sociedad israelí, lo que le ayudará a entender lo ocurrido en las últimas elecciones, que -recordemos- se han celebrado siguiendo la antigua ley electoral, es decir, se votaba a un partido y no a un candidato para ser primer ministro. Esta vez no se ha votado a la persona de Ariel Sharon -como sí ocurrió hace dos años cuando obtuvo una clara mayoría-, sino a su partido, el Likud, que a fin de cuentas ha obtenido en torno a un 30% de los votos. Cinco son las ideas fundamentales que quiero exponer al lector europeo: 

1. La sociedad israelí, en su conjunto, sigue todavía bajo los efectos de la brutal, irracional y casi suicida reacción de los palestinos, una reacción que empezó en septiembre del 2000 y que desde entonces no ha cesado. Se trata de una violencia que estalló mientras había unas negociaciones de paz intensas e importantísimas bajo el auspicio personal del entonces presidente de Estados Unidos, una violencia cuyo objetivo era luchar contra el Gobierno más "paloma" y más dispuesto a claudicar que había habido desde la guerra de los Seis Días. El estupor, la decepción, la desesperación y la pérdida de fe en la posibilidad de paz, unido todo ello a actos terroristas suicidas de extrema crueldad dirigidos fundamentalmente contra población civil, siguen en la mente de la mayoría de los israelíes y causan la sensación de que solamente con fuerza se puede combatir la violencia. Si a eso añadimos el odio antiisraelí y antijudío que ahora inunda todos los países árabes, incluidos aquellos con los que Israel ha firmado acuerdos de paz -como Jordania y Egipto-, se puede comprender que un hombre como Ariel Sharon, que sobre todo representa la fuerza y unas promesas imprecisas y no comprometedoras que hablan de "concesiones dolorosas para los palestinos", pueda despertar la simpatía y la confianza de una gente muy atemorizada. 

2. La resistencia palestina es enorme y sorprende a toda la sociedad israelí por su tenacidad y por su capacidad de soportar el sufrimiento. Sin duda Israel aún no se comporta hacia los palestinos como si fuesen un enemigo declarado contra el cual se pueden emplear todos los medios a su alcance. Todavía se trata de una población civil bajo ocupación total o parcial, pero con todo Israel lucha con gran fuerza contra el terrorismo palestino. Y si bien Israel cuenta con mejores medios de lucha, la diferencia en el número de muertos: unos 700 israelíes (la mayoría civiles) frente a los cerca de 2.000 en el lado palestino, también la mayoría de ellos civiles, no refleja en absoluto la enorme diferencia entre ambos lados en lo que se refiere a los medios militares con los que cuenta cada uno. Es decir, que aquella sensación que había, especialmente en el bloque "paloma", de que se podía hacer muchas concesiones a los palestinos porque, si ellos no respetasen los acuerdos, enseguida y fácilmente se podía volver a la situación anterior y reocupar los territorios, ya no está tan clara y ello provoca muchas dudas sobre la posibilidad de alcanzar algún acuerdo. 

3. En el bloque pacifista israelí, que no sólo está integrado por la izquierda sino también por personas religiosas y principalmente por liberales destacados (parte de los cuales votaron en estas elecciones al partido laico Shinui), aún no se ha asimilado que la separación unilateral y parcial es la única solución razonable y posible a corto plazo. Por eso, a la sociedad israelí no se le ofreció, de forma clara y enérgica, un programa alternativo y realista frente al programa de la derecha, que sólo consiste en aplastar el terrorismo y en no tratar de llegar a ningún acuerdo hasta que cese la violencia. Este programa carece de valor y no es nada realista ya que supone ser rehén de cualquier terrorista kamicaze y por eso el programa de la derecha lo único que hace es prolongar la ocupación y la guerra. Cuanto más si el Gobierno central de la Autoridad Nacional Palestina ha caído por completo, y aunque quisiese acabar con el terrorismo no podría hacerlo al no haber una frontera precisa que separe a ambas poblaciones. En las pasadas elecciones, el bloque pacifista israelí ha seguido de hecho hablando de un acuerdo global para la zona, de la partición de Jerusalén y de la retirada hasta volver a las fronteras de 1967, y de esta manera ha ahuyentado a la mayoría de los israelíes, que veían en ello muchos peligros. 

4. Todo esto explica el enorme éxito del partido Shinui, un partido laico, liberal y con claros tintes de "paloma". Este partido vino a decir lo siguiente: "Como de todas formas en estos momentos no podemos hacer nada concreto y eficaz en el asunto de la paz con los palestinos, y nuestra opinión se debate entre la postura de la derecha y la del bloque pacifista, mejor será que nos centremos en otra cuestión, interna, relacionada con el parasitismo creciente del sector de los ultraortodoxos dentro de la sociedad israelí. Se trata de un sector que no hace el servicio militar, que no es productivo ya que los hombres se dedican por completo al estudio de la Torá en vez de trabajar. Es un sector que se convierte en una carga para la clase media israelí. Así pues, no entremos ahora en el problema principal relacionado con el Gran Israel, con los asentamientos de colonos y con otras cuestiones básicas que tienen que ver con el conflicto con los palestinos. Ocupémonos solamente del problema de los ultraortodoxos y su parasitismo en la sociedad israelí". Esta postura ha sido muy bien aceptada por muchos y eso explica el enorme ascenso de este partido laico. 

5. Otro tema que ha influido en los resultados de las elecciones se refiere al deseo generalizado de que se forme un gobierno de unidad nacional. Como la situación es tan difícil, la inseguridad cada vez mayor y el problema económico cada vez más grave y complejo, existe la sensación, justificada o no, de que solamente un gobierno de unidad nacional podrá regir con mayor precaución y cuidado la política israelí en una época tan dura como ésta. Por eso, las declaraciones de Amram Mitzna donde decía que nunca entraría en un gobierno de coalición con el Likud crearon una reacción hostil hacia él. 

En conclusión: pese a que los resultados muestran claramente la derrota del bloque pacifista en Israel, no hay que olvidar que en el nuevo Parlamento sigue habiendo una mayoría que apoya la creación de un Estado palestino al lado del Estado de Israel (si bien hay diferencias esenciales sobre sus dimensiones y su status). Cuando hablo de que hay una mayoría favorable a que se cree un Estado palestino, no tengo en cuenta al primer ministro, pues aunque también él habla de la creación de un Estado palestino -y algunos de sus compañeros de partido están de acuerdo con él-, todavía hasta el día de hoy no sé si habla en serio o simplemente lo suelta para despistar a Estados Unidos y a Europa. En definitiva, si Europa desea hacer algo eficaz para calmar la situación en Oriente Medio, dando apoyo diplomático y quizás haciendo algún gesto simbólico en favor de una separación parcial y unilateral de Israel, lo que tiene que hacer es no desesperarse por los resultados de las elecciones, sino al contrario, mostrarse firme ante un Gobierno de derechas, arremangarse e inmiscuirse más en Oriente Medio.

 

ABRAHAM B. YEHOSHÚA, escritor israelí e inspirador del movimiento Paz Ahora Traducción: Sonia de Pedro