LA VANGUARDIA, 23/12/2004

 

Ética y ejército

SI BIEN ES CIERTO QUE un tercio de los israelíes se ha visto afectado por atentados terroristas en los últimos cuatro años, el ejército debe contenerse

 

HAY QUE RECORDAR A cada soldado y oficial que hasta el final de los tiempos los israelíes tendrán que vivir codo con codo con los palestinos

 

ABRAHAM B. YEHOSHUA - 23/12/2004


Las numerosas noticias acerca de los graves abusos de poder en la conducta de soldados israelíes hacia la población palestina preocupan tanto a los mandos militares como a la sociedad israelí. Aunque la verdad es que no a todos les preocupa. Hay gente de derechas que considera esos actos una necesidad dentro de acciones militares legítimas contra lo que ellos llaman un cruel terrorismo.

No obstante, la mayoría de la sociedad israelí se espanta antes esos actos y trata de buscar vías eficaces para reforzar la moral dentro del combate que llevan a cabo los soldados en unas condiciones muy duras y complejas.

Por un lado, todos tienen claro que lo que sale en la prensa es sólo una pequeña parte de lo que ocurre en el terreno y que hay casos muy graves de los que no se da noticia, bien porque los propios soldados los ocultan o bien porque el mando militar intenta que no queden claros. Sin embargo, hay varios periódicos muy valientes que hacen un seguimiento constante, serio y a fondo sobre las injusticias que comete el ejército, aunque por supuesto no pueden cubrir todos los casos. Por otro lado, también los que se oponen y se horrorizan ante esas injusticias tienen claro que se dan miles de situaciones en las que los soldados israelíes hacen todo lo que pueden por causar el menor daño posible a la población palestina y actuar con ella de forma razonable.

Tener a una población extranjera bajo ocupación militar es un acto horrible y la historia ha demostrado que es algo que en ningún caso puede prosperar a largo plazo; pero si a la ocupación militar le añadimos los asentamientos de colonos, entonces es aún mucho más terrible y cruel. Los asentamientos incrementan sobremanera los casos de conflicto entre el ejército y la población ocupada, ya que supone la creación de puestos de control, carreteras de circunvalación y conlleva que unos ciudadanos israelíes gocen de un estatus privilegiado en medio de la población palestina. Y eso les hace la vida mucho más difícil a los ciudadanos bajo la ocupación.

Cuesta precisar hasta qué punto los asentamientos judíos son ahora la principal herida abierta en el conflicto israelo-palestino, además de ser la causa de la sensación de rabia y amargura de los palestinos.

No obstante, conviene no olvidarnos de un hecho fundamental: el número de muertos durante los cuatro años de intifada,en la que unos palestinos inexpertos con unos medios de lucha básicos se han enfrentado a un ejército entrenado y equipado con un armamento moderno y sofisticado. Pues bien, el resultado es de 4.000 muertos palestinos frente a 1.000 muertos israelíes (muchos de ellos civiles). Estos datos demuestran no sólo la sorprendente fuerza para resistir y la capacidad de sacrificio de los palestinos (lo que en mi opinión constituye la principal razón que ha empujado al Gobierno de Israel a decidir una retirada parcial y unilateral), sino también que el ejército israelí se refrena a sí mismo a la hora de emplear todo su potencial militar en sus enfrentamientos con la población palestina. Pero a pesar de todo, de vez en cuando se producen hechos de gran crueldad y carentes de sentido, como aquel caso espantoso (que ahora está siendo investigado por el ejército) de esa niña palestina que por error se acercó a un puesto militar en el sur de la franja de Gaza y el comandante del puesto, aunque en un momento dado del tiroteo vio que tan solo se trataba de una niña, no dio la orden de dejar de disparar e incluso se acercó a ella y quiso comprobar si estaba muerta disparándole veinte balas más.

En la mayor parte de los contactos con los civiles palestinos intervienen pequeñas unidades militares a las que el alto mando militar no siempre puede controlar. Muchas acciones militares cotidianas se realizan en puestos de control en carreteras, en rastreos durante el toque de queda en aldeas y ciudades y a las órdenes de sargentos y militares de baja graduación, jóvenes sin experiencia que a menudo también están asustados y sobre todo agotados por tanto esfuerzo y asqueados del trabajo que hacen. Por tanto, no ha de extrañar que en ocasiones actúen de forma irracional y salvaje.

Parte de los soldados procede de familias tremendamente nacionalistas, lo que aumenta su radicalidad a la hora de actuar. Si bien tampoco hay que olvidar que, según un estudio reciente, un tercio de la población israelí (¡un número enorme!) se ha visto golpeado de una u otra manera por los atentados terroristas durante los últimos cuatro años, ya sea como víctimas directas, ya como afectados por la muerte de familiares o amigos (como es mi caso, por ejemplo). Por eso, muchos soldados israelíes tienen una razón clara para estar furiosos con los palestinos.

Así que los mismos altos mandos militares se debaten entre su deseo de no poner en peligro la vida de los soldados en sus contactos con civiles palestinos, que de pronto pueden resultar ser hombres de la guerrilla, y entre su preocupación por que no se acaben cometiendo atrocidades contra personas inocentes.

Hay algo fundamental que ambos lados, y en especial los israelíes, han de grabar muy bien en su mente: los actos de crueldad por parte de un ejército en una región ocupada y los actos de crueldad por parte del pueblo ocupado contra la población civil del ocupante han sido numerosos a lo largo de la historia. Un ejemplo destacado y que comparte ciertos puntos con lo que ocurre ahora en los territorios palestinos es el caso del conflicto entre franceses y argelinos en la década de los 50 en el siglo pasado y que fue mucho más sangriento que el actual conflicto israelo-palestino. Pero más allá de todas las diferencias (entre ellas éticas) entre lo que ocurre ahora en los territorios palestinos ocupados por Israel y lo que ocurrió en Argelia y en otros lugares del mundo, tanto israelíes como palestinos no deben olvidar un hecho fundamental: los franceses cometieron barbaridades en Argelia, pero después se fueron de allí y ambas partes dejaron ya de estar en contacto. Eso mismo sucedió entre los estadounidenses y los vietnamitas, y entre los rusos y los afganos, y entre los británicos y sus colonias en África y Asia.

Sin embargo, en el caso de los israelíes y los palestinos, después de que cada uno viva en su Estado soberano y los separe una frontera, seguirá habiendo relación entre las personas de los dos lados. En primer lugar, por la larga y sinuosa frontera que separará a ambos estados y que en realidad hará que la mayor parte del territorio palestino y parte importante del Estado judío sean zonas limítrofes. De hecho, en la misma Jerusalén, que será la capital de los dos estados, las casas de los barrios palestinos lindarán con las casas de los barrios israelíes. Además, habrá contactos comerciales obligatorios, y por encima de todo estarán las relaciones familiares entre los palestinos de Palestina y los palestinos israelíes. De modo que los ocupantes y los ocupados no dejarán de estar en contacto como ha ocurrido en otros casos en la historia, sino que seguirán encontrándose en muchos lugares y en muchos sentidos.

En la conciencia de los pueblos siempre queda el recuerdo de las guerras. Pero afortunadamente hemos visto que también el olvido ha hecho que pueblos que han luchado entre sí hayan logrado reconciliarse movidos por intereses comunes. Sin embargo, los recuerdos de actos de crueldad y humillación se quedan grabados durante más tiempo en la conciencia humana y se transmiten de generación en generación. Mientras que los mitos nacionales sobre la heroicidad de la lucha armada pueden ayudar a superar la muerte de soldados israelíes o de combatientes palestinos, será mucho más difícil calmar el odio por haber sido humillados o la ira de los familiares de esa niña palestina cruelmente asesinada por haberse acercado a un puesto militar, o la de la familia de esa abuela y nieta muertas en un atentando suicida contra una cafetería israelí.

Por tanto, en sus enfrentamientos ambos lados deben intentar no saltarse los principios éticos básicos. Los palestinos, debido a su inferioridad militar, a falta de autoridad central, a las numerosas facciones guerrilleras y a su sensación de que la justicia los ampara en su lucha contra el ocupante israelí, tienden a perder el control en su lucha. Pero, pese a ello, los israelíes deben contenerse y, hasta que se alcance la paz y ambos pueblos se separen, han de velar en la medida de lo posible por respetar los valores éticos fundamentales que en general han sido respetados por el ejército israelí a lo largo de la historia.

Una vez más hay que recordarle a cada soldado y oficial israelí que hasta el final de los tiempos los israelíes tendrán que vivir codo con codo con los palestinos. Así que deben, sirviéndose de su poder militar, pero también reconociendo que ellos siempre serán una minoría en la región, combatir sin perder el sentido común y respetar a sus enemigos de ahora, que serán sus vecinos en el futuro.

ABRAHAM B. YEHOSHUA, escritor israelí, inspirador del movimiento Paz Ahora
Traducción: Sonia de Pedro